La ópera prima en stop motion de Irene Iborra Rizo sigue a Olivia, 12 años, que tras un desahucio inventa un “rodaje” para proteger a su hermano y darse a sí misma un respiro. Humor, ternura y artesanía conviven en una historia sobre vivienda, salud mental y redes de barrio. Seleccionada en Annecy 2025 y premiada por la Fundación GAN, la película demuestra cómo la animación puede tratar temas difíciles sin perder la mano tendida.
Welcome to the Flavourhood es una pieza publicitaria de DoorDash construida en stop motion con maquetas, objetos y platos en movimiento. La cámara recorre un “barrio de sabores” donde cada local cobra vida a golpe de transición práctica, food styling preciso y humor visual. El resultado es una coreografía cálida y táctil que celebra la diversidad culinaria y presenta el servicio de entrega como un puente cercano entre vecinos, restaurantes y antojos cotidianos.
La animadora y directora Anna Mantzaris (Estocolmo) es sinónimo de tacto: fieltro, lana y miniaturas que respiran humor, torpeza adorable y un punto de melancolía. Sus cortos Enough y Good Intentions la situaron en el mapa con decenas de premios y un estilo reconocible al instante; desde entonces ha alternado obra personal con encargos para marcas y piezas editoriales. En 2023 llevó su lenguaje a gran público como Animation Director del Apple Holiday film Fuzzy Feelings (con Lucia Aniello), y en 2025 firmó para Bear Snacks la primera versión 3D de su oso-mascota, trasladando su “humor de lo cotidiano” a un personaje CG sin perder calidez. Su trabajo acumula más de 100 galardones internacionales —incluidos Annie, Emmy y European Animation Award— y mantiene una constante: personajes frágiles, observación fina y gags mínimos que dicen mucho.
All in a Day’s Work es una antología de cortos animados impulsada por Mailchimp que pone el foco en lo que rara vez se cuenta: el día a día emocional de quienes levantan proyectos creativos y pequeños negocios. Cada episodio, producido por estudios independientes con estilos muy distintos —del 2D estilizado al stop motion—, aborda escenas reconocibles: briefings imposibles, plazos que se acercan, clientes que cambian de idea, el síndrome del impostor o el burnout. El resultado es un retrato cálido y cómplice del trabajo contemporáneo: piezas breves, visualmente cuidadas y con un humor que, entre sonrisa y punzada, nos recuerda por qué seguimos creando.
Algarabía es una pieza stop motion que abraza lo táctil: miniaturas construidas a mano, texturas visibles y una iluminación cuidada que respira fotograma a fotograma. Entre recortes de papel, plastilina y pequeños mecanismos, la animación orquesta una coreografía rítmica donde cada gesto importa, combinando humor visual, sonido sugerente y un montaje preciso. Un homenaje a la paciencia del artesano y a la magia de mover lo inmóvil hasta convertirlo en una historia con pulso propio.


